¿El dióxido de titanio es cancerígeno?

Hay sólidas pruebas científicas que demuestran que el dióxido de titanio es seguro y no provoca cáncer. A continuación se incluye información importante al respecto.

El dióxido de titanio es un pigmento de un blanco brillante que se emplea en muchas industrias distintas debido a sus cualidades, tan útiles como únicas. Se utiliza, sobre todo, en pinturas, plásticos, papeles y tintas. En algunos casos, se incluye con forma de nanopartículas en cosméticos y protectores solares.

Las aplicaciones del dióxido de titanio en grado de nanomaterial han llevado a ciertas autoridades a cuestionar –como ocurre con todas las nanopartículas– si esta sustancia puede ser cancerígena.
 

Las pruebas científicas actuales demuestran que es seguro utilizar productos que contengan dióxido de titanio:

  • Tras décadas de estudios realizados por la industria y por entidades independientes, no se han hallado pruebas de que el dióxido de titanio esté asociado al riesgo de padecer cáncer en el caso de los seres humanos.
  • Las pruebas científicas indican que la exposición al dióxido de titanio tiene efectos mínimos o inexistentes en la salud, y los organismos reguladores europeos han aprobado su uso en alimentos y cremas solares.
  • Los estudios que han vinculado el dióxido de titanio al riesgo de contraer cáncer se basan en una reacción adversa llamada “sobrecarga pulmonar” que se ha observado en ratas tras exponerlas a niveles elevadísimos de dióxido de titanio por inhalación. Por un lado, estas dosis tan altas son superiores a las que están expuestos los trabajadores diariamente; por el otro, la sobrecarga pulmonar observada en las ratas no se reproduce en los seres humanos.

 

Introducción

El dióxido de titanio es una sustancia natural omnipresente con una consolidada trayectoria de uso. Tiene un enorme potencial y se produce en todo el mundo.

Se utiliza en una gran cantidad de productos cotidianos como pinturas, plásticos, alimentos y cosméticos. Conocido también por su fórmula química TiO2 o por su denominación E171 como colorante alimentario, el dióxido de titanio ha sido objeto de evaluaciones de seguridad realizadas por numerosas autoridades reguladoras y siempre las ha superado satisfactoriamente, de modo que se considera seguro para todas las aplicaciones previstas.

Últimamente se ha especulado –sobre todo en los medios de comunicación franceses– acerca de si podría provocar cáncer. Analicemos los hechos.

Colorido maquillaje para ojos
 

La postura del IARC sobre el TiO2 y el cáncer

En 2006, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC) llegó a la conclusión de que no hay pruebas suficientes para afirmar que el dióxido de titanio sea cancerígeno para los seres humanos. En 2010 se publicó un estudio monográfico donde se detallan los hallazgos.

No obstante, el IARC sugirió que inhalar dióxido de titanio “podría ser carcinogénico para las personas” (categoría 2B).

Las pruebas de que esta sustancia conlleve el riesgo de contraer cáncer se consideraron insuficientes en el caso de los seres humanos, pero suficientes para los animales. Esta conclusión se basó principalmente en que el dióxido de titanio causó quistes precancerosos en el sistema respiratorio de las ratas que participaron en dos estudios de inhalación crónica en 1985 y 1995. El descubrimiento se ha puesto en tela de juicio desde entonces debido a la casi ausencia de pruebas sobre un efecto negativo en las personas.

La evaluación del IARC se fundamenta solamente en tres estudios realizados en ratas hace más de veinte años bajo unas condiciones inaceptables según las directrices de prueba implantadas actualmente en la UE.

En general, se reconoce que las ratas son las únicas susceptibles a la “sobrecarga pulmonar”, una reacción que jamás se ha observado en humanos.

Cabe mencionar que, a lo largo de su historia como órgano de consulta, el IARC ha evaluado más de 980 sustancias y actividades y ha declarado que centenares de ellas podrían ser peligrosas. Por ejemplo, otros “posibles carcinógenos” son el beicon, las verduras encurtidas y el aloe vera.
 

¿Qué ha cambiado desde 2010?

En mayo de 2016, la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de los Alimentos, el Medio Ambiente y el Trabajo de Francia (ANSES) propuso clasificar el dióxido de titanio como sustancia de categoría 1B por inhalación. En dicha categoría se incluyen los presuntos carcinógenos para el ser humano.

La solicitud se envió a la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) para que la estudiara. Tras realizar una consulta, el Comité de Evaluación de Riesgos (RAC) de la ECHA llegó a una conclusión en junio de 2017: no había pruebas suficientes para clasificar el dióxido de titanio en la categoría 1B.

En cambio, el comité afirmó que el TiO2 cumplía los criterios para ser clasificado como sustancia sospechosa de provocar cáncer por inhalación (categoría 2). Al igual que el IARC, el RAC matizó su decisión añadiendo que la clasificación “no tiene en cuenta la probabilidad de exposición a la sustancia y, por lo tanto, no evalúa los riesgos de exposición”.

De hecho, las pruebas evaluadas por las autoridades provienen de estudios realizados en animales.

Por ahora, la opinión del RAC no tiene ningún impacto inmediato en cómo se puede usar el TiO2 ni en su reglamentación.

Una vez que se documente el dictamen del RAC y se envíe a la Comisión Europea, esta institución decidirá si sigue o no la recomendación del comité. Así pues, es posible que no se modifique el reglamento actual, aunque la CE también podría actualizar la clasificación y el etiquetado actuales o plantearse nuevas medidas regulatorias. Sea cual sea la decisión, no hay una fecha establecida para comunicarla.
 

Bajo riesgo por inhalación o consumo

“La dosis hace el veneno”. Este adagio ilustra el hecho de que los estudios toxicológicos deberían tomar en consideración la dosis de exposición a una sustancia. Todos los elementos químicos –incluidos el agua y el oxígeno– pueden resultar tóxicos para el ser humano en dosis elevadas.

Sin embargo, muchos estudios realizados en animales ponen a prueba los efectos de una sustancia administrando dosis altísimas que no se darían en el mundo real. Además, los efectos específicos que cause en los animales no tienen por qué reproducirse en las personas, tal como ocurre con la “sobrecarga pulmonar” observada en las ratas.

Por otra parte, el dictamen emitido por el RAC en 2017 se refiere a la inhalación del dióxido de titanio, así que es poco relevante para la industria alimentaria: en este ámbito, el TiO2 se incorpora en el producto final y el riesgo de inhalarlo es casi inexistente. Del mismo modo, el TiO2 presente en productos elaborados como pinturas y plásticos es insoluble o se encuentra en estado sólido, de manera que no es posible inhalarlo.

En 2016, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) reevaluó el uso del TiO2 en alimentos y determinó que era seguro. El informe de la EFSA afirmaba que la absorción de TiO2 administrado por vía oral es extremadamente baja:

“La comisión técnica concluyó que, basándose en los datos de genotoxicidad disponibles y la evaluación que realizó de los datos acerca de la absorción, distribución y excreción de micropartículas y nanopartículas de TiO2, es improbable que las partículas de TiO2 de dichas dimensiones ingeridas por vía oral supongan un riesgo genotóxico ‘in vivo’ [para un organismo vivo]”.

“Parece haber mucha confusión con respecto al dióxido de titanio”, señala Kamilah Guiden, del Consejo Internacional de Información Alimentaria (IFIC). Kamilah asegura que el dióxido de titanio es seguro y cita las directrices de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA), que ha fijado el límite de un 1 % de dióxido de titanio en los productos alimenticios.

“Actualmente, nada indica que haya algún riesgo para la salud a este nivel de exposición a través de la dieta”, añade Kamilah.

La inhalación por otras vías (a través de pinturas o plásticos, por ejemplo) también es muy improbable, ya que el TiO2 está totalmente unido al producto final.
 

¿El dióxido de titanio puede prevenir el cáncer?

El dióxido de titanio se considera seguro en todas sus aplicaciones comerciales y no hay pruebas que demuestren que aumente el riesgo de padecer cáncer entre los trabajadores.

Al contrario, esta sustancia puede ser una herramienta eficaz para prevenir el cáncer, algo evidente si se analiza su destacado uso en los protectores solares.

Como las partículas empleadas en dichos productos son muy pequeñas, el TiO2 no refleja la luz visible, sino que dispersa y absorbe la radiación ultravioleta creando una barrera transparente que protege la piel de los rayos solares.

Tanto la Comisión Europea como la FDA han aprobado el uso del dióxido de titanio en protectores solares en Europa y EE. UU., respectivamente.

Una mujer se aplica crema solar
 

Seguridad del TiO2 en los protectores solares

En Europa, el Comité Científico de Seguridad de los Consumidores (CCSC) asegura que es seguro emplear nanopartículas de dióxido de titanio como filtro ante los rayos ultravioleta en cremas solares siempre que su concentración sea igual o inferior al 25 %. Esto se aplica a personas que tengan la piel sana e intacta o incluso quemada por el sol.

Las nanopartículas de TiO2 pueden actuar como fotocatalizadores, esto es, reaccionar a la luz ultravioleta. En los protectores solares, se dotan las partículas de un revestimiento para evitar esta reacción sin renunciar a su función de filtro UV.

Varios grupos que abogan por el uso de ingredientes seguros en muchos productos también han avalado la utilización del TiO2.

En su guía de protección ante el sol, la Sociedad Francesa de Dermatología hace referencia al uso del dióxido de titanio en las cremas solares.

El Environmental Working Group (Grupo de Trabajo sobre el Medio Ambiente, EWG), que valora los productos en función de sus cualidades sanitarias y ambientales, dice que las lociones solares con dióxido de titanio están “entre las mejores opciones”. Los protectores solares que contienen esta sustancia obtienen una buena puntuación en su sistema porque no se descomponen bajo el sol y ofrecen una protección óptima frente a los rayos UVA.

Al mismo tiempo, el grupo Safe Cosmetics, que vela por la seguridad de los productos cosméticos, también recomienda su uso con estas palabras: “El dióxido de titanio constituye un protector solar muy eficaz en cremas y lociones, y es una de las opciones más seguras que existen”.  
 

Un compuesto seguro y valioso

El dióxido de titanio se puede utilizar con total seguridad en un amplio abanico de aplicaciones.

El bajo nivel de exposición y el conjunto de pruebas que sostienen que no tiene impactos negativos en la salud (incluido un reciente estudio científico que aprueba el uso del TiO2 en alimentos) demuestran que el público no corre ningún riesgo conocido de contraer cáncer debido a la exposición al dióxido de titanio.

Por añadidura, su capacidad para bloquear los rayos ultravioleta le otorga un papel crucial en la prevención del cáncer causado por la exposición al sol.