¿El dióxido de titanio es cancerígeno?

Hay sólidas pruebas científicas que demuestran que el dióxido de titanio es seguro. A continuación se incluye información importante al respecto.

El dióxido de titanio es un pigmento de un blanco brillante que se emplea en muchas industrias distintas debido a sus cualidades, tan útiles como únicas. Se utiliza, sobre todo, en pinturas, plásticos, papeles y tintas.

 

Las pruebas científicas actuales demuestran que es seguro utilizar productos que contengan dióxido de titanio:

  • Tras décadas de estudios realizados por la industria y por entidades independientes, no se han hallado pruebas de que el dióxido de titanio esté asociado al riesgo de padecer cáncer en el caso de los seres humanos.
  • Los estudios que han vinculado el dióxido de titanio al riesgo de contraer cáncer se basan en una reacción adversa llamada “sobrecarga pulmonar” que se ha observado en ratas tras exponerlas a niveles elevadísimos de dióxido de titanio por inhalación. Por un lado, estas dosis tan altas son muy superiores a las que están expuestos los trabajadores diariamente; por el otro, la sobrecarga pulmonar observada en las ratas no se reproduce en los seres humanos.

 

Introducción

El dióxido de titanio es una sustancia natural omnipresente con una consolidada trayectoria de uso. Se utiliza en una gran cantidad de productos cotidianos como pinturas, plásticos, alimentos y cosméticos. Conocido también por su fórmula química TiO2 o por su denominación E171 como colorante alimentario, el dióxido de titanio ha sido objeto de evaluaciones de seguridad realizadas por numerosas autoridades reguladoras y siempre las ha superado satisfactoriamente, de modo que se considera seguro para todas las aplicaciones previstas.

Últimamente se ha debatido acerca de si podría ser perjudicial para los seres humanos o incluso provocar cáncer. Analicemos los hechos.

 

Diferencia entre inhalación e ingestión

Hay dos debates distintos sobre la seguridad del dióxido de titanio: uno atañe a las preocupaciones surgidas por los posibles efectos nocivos de la inhalación de la sustancia pulverizada; el otro, a la ingestión del dióxido de titanio en su forma de colorante alimentario E171.

Es importante no mezclar el primer caso con el segundo; a continuación se detalla la opinión científica sobre ambos.

 

1/ La UE ha clasificado el dióxido de titanio como carcinógeno por inhalación (categoría 2). ¿Qué implica esta medida?

En 2020, la UE ha clasificado la forma pulverizada del dióxido de titanio como presunto carcinógeno por inhalación según el Reglamento (CE) sobre clasificación, etiquetado y envasado de sustancias y mezclas (CLP).

Dicha clasificación no se basa en ningún descubrimiento nuevo sobre riesgos potenciales de la sustancia para las personas, sino en datos de hace décadas sobre su inhalación por parte de ratas y el bien conocido peligro de inhalar polvo. No hay pruebas científicas de que la exposición al dióxido de titanio provoque cáncer en los seres humanos.

En su clasificación, las autoridades europeas han recalcado que el presunto peligro se produciría al inhalar polvo –como dióxido de titanio pulverizado– en concentraciones elevadísimas durante un período prolongado.

Así pues, ¿por qué la UE ha emitido tal clasificación sobre el dióxido de titanio? Y ¿qué implica esta medida para los consumidores? A continuación se incluye información importante al respecto.

 

¿Por qué el IARC afirmó que inhalar dióxido de titanio podría ser carcinogénico?

En 2006, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC) llegó a la conclusión de que no había pruebas suficientes para afirmar que el dióxido de titanio fuera cancerígeno.

No obstante, el IARC concluyó que “inhalar dióxido de titanio podría ser carcinogénico para las personas” (categoría 2B). Las pruebas de que esta sustancia conlleve el riesgo de contraer cáncer se consideraron insuficientes en el caso de los seres humanos, pero suficientes en animales.

Otros “posibles carcinógenos” identificados por el IARC son el beicon, las verduras encurtidas y el aloe vera. A lo largo de su historia como órgano de consulta, el IARC ha evaluado más de 980 sustancias y actividades y ha declarado que centenares de ellas podrían ser peligrosas.

La evaluación del IARC se fundamenta solamente en tres estudios realizados en ratas hace más de veinte años bajo unas condiciones inaceptables según las directrices de prueba implantadas actualmente en la UE.

En general, se reconoce que las ratas son las únicas susceptibles a la “sobrecarga pulmonar”, una reacción que jamás se ha observado en humanos.

Los hallazgos del IARC no dieron lugar a nuevas medidas reguladoras en Europa.

 

¿Por qué la UE ha clasificado el dióxido de titanio como presunto carcinógeno por inhalación más de diez años después?

Tras una propuesta de las autoridades francesas en 2016, el Comité de Evaluación de Riesgos (RAC) de la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) concluyó en junio de 2017 que el TiO2 cumplía los criterios para ser clasificado como presunta sustancia cancerígena (categoría 2) por inhalación.

El dictamen del RAC afirma claramente que no hay estudios concluyentes acerca de la carcinogenicidad de la sustancia en especies distintas a las ratas y que los hallazgos realizados en estos animales son de dudosa relevancia para los seres humanos. Además, la opinión del RAC no toma en consideración los datos recopilados sobre más de 24 000 trabajadores, los cuales demuestran que la exposición al dióxido de titanio no está asociada al riesgo de padecer cáncer.

El RAC dictaminó que el presunto peligro descrito sobre el TiO2 no atañe únicamente a dicha sustancia, sino que es común a todos los elementos en forma de polvo conocidos como “sustancias poco solubles de baja toxicidad”.

Este peligro teórico está vinculado a la forma de las partículas: cuando se inhalan en una concentración elevadísima durante un largo período de tiempo, pueden provocar una “sobrecarga pulmonar” en las ratas. Esta reacción adversa puede tener un efecto carcinogénico en dichos animales, pero jamás se ha observado en otras especies ni en los seres humanos.

La decisión de la UE de clasificar el dióxido de titanio como presunto carcinógeno por inhalación no se basa en pruebas científicas nuevas, sino que refleja un enfoque extremadamente precautorio ante el bien conocido peligro de respirar demasiado polvo.

 

¿Existen riesgos para los consumidores?

El RAC subrayó que “no tiene en cuenta la probabilidad de exposición a la sustancia y, por lo tanto, no evalúa los riesgos de exposición”. En otras palabras, su dictamen pasa por alto si el peligro descrito podría existir o no en el mundo real.

No obstante, los estudios toxicológicos también deberían tomar en consideración el principio de la dosis, que a menudo se ilustra con este adagio: “La dosis hace el veneno”. Todos los elementos químicos –incluidos el agua y el oxígeno– pueden resultar tóxicos para el ser humano en dosis elevadas.

Muchos estudios realizados en animales ponen a prueba los efectos de una sustancia administrando dosis altísimas que no se darían en el mundo real. Este es el caso del dióxido de titanio. Si se dejan de lado las extremas condiciones de inhalación incluidas en la clasificación, la sustancia deja de ser nociva. Además, los efectos específicos que cause en los animales no tienen por qué reproducirse en las personas, tal como ocurre con la “sobrecarga pulmonar” observada en las ratas.

Este hecho se confirmó en una reunión entre la Comisión Europea, los Estados miembro y las partes interesadas donde se concluyó que los motivos de preocupación para los consumidores son “insignificantes” debido al elevadísimo nivel de exposición a partículas respirables de dióxido de titanio que sería necesario para que la sustancia resultara dañina de algún modo. Las autoridades consideraron que tales condiciones eran poco realistas en circunstancias normales y previsibles.

 

¿Qué implicaciones tiene la clasificación del dióxido de titanio para los consumidores?

La clasificación adoptada por la Comisión Europea deja claro que el presunto peligro se limita al TiO2 pulverizado si se inhala en concentraciones elevadísimas durante un período muy prolongado.

Por consiguiente, la clasificación tiene escasa relevancia de cara a los consumidores. En la mayoría de los casos, el TiO2 se incorpora en el producto final y el riesgo de inhalarlo es casi inexistente. Del mismo modo, el TiO2 presente en productos elaborados como pinturas y plásticos es insoluble o se encuentra en estado sólido, de manera que no es posible inhalarlo.

A pesar de ello, la clasificación implica que algunos productos quizá deberán llevar etiquetas o advertencias sobre los riesgos del polvo aunque no sea realista que los consumidores se vean expuestos a peligro alguno. En otros productos –como cosméticos y juguetes– tal vez se deban llevar a cabo revaluaciones para confirmar de nuevo la seguridad del TiO2.

 

En resumen:

  1. La clasificación de la UE no se basa en información nueva ni en ningún descubrimiento actual sobre riesgos potenciales de la sustancia.
  2. El presunto peligro no se produciría en condiciones normales y circunstancias realistas.
  3. La seguridad del dióxido de titanio para los seres humanos sigue respaldada por los datos recopilados a lo largo de varias décadas.

 

2/ ¿Es seguro ingerir dióxido de titanio?

Sí, el E171 (dióxido de titanio en grado de colorante alimentario) se ha sometido a un riguroso proceso de pruebas y clasificación en Europa que ha demostrado que no persiste ni se acumula en el cuerpo humano.

Numerosos estudios han confirmado una y otra vez la seguridad del E171.

 

Opiniones de investigadores y autoridades acerca de la seguridad del E171

En 2015, un grupo de investigadores de la Agencia de Investigación sobre Alimentación y Medio Ambiente del Reino Unido (FERA), el Instituto de Alimentación del Centro de Investigación Tübitak Marmara de Turquía y el Instituto de Seguridad Alimentaria RIKILT de los Países Bajos llevaron a cabo un estudio sobre la ingesta por vía oral de partículas y nanopartículas de dióxido de titanio.

Según los resultados obtenidos, “no habría una exposición interna significativa del consumidor a las nanopartículas”.

En 2016, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) examinó la información más reciente sobre el E171 en el marco de una revisión de los aditivos alimentarios aprobados antes de 2009 y determinó que el E171 no supone ningún riesgo para la salud de los consumidores. La seguridad de dicho aditivo no depende del tamaño de las partículas, ya que el cuerpo humano no lo absorbe.

 

¿Por qué Francia ha decidido suspender el uso del E171?

La decisión del Gobierno francés se fundamenta en un estudio realizado en 2017 por el Instituto Nacional de Investigación Agronómica de Francia (INRA). Sin embargo, los hallazgos de dicho estudio no se pueden extrapolar a los seres humanos y no han sido corroborados por investigaciones similares.

En el año 2017, el INRA publicó un estudio que sostiene que existe riesgo de padecer cáncer debido a la ingestión de dióxido de titanio basándose en observaciones realizadas en ratas. No obstante, al igual que ocurre con los estudios relativos a la inhalación de la sustancia, el protocolo empleado en este estudio no se puede extrapolar para concluir que podría causar cáncer en las personas.

De hecho, el propio INRA señala sin rodeos que sus hallazgos no se pueden utilizar para sacar conclusiones sobre la salud humana y que no se ajustan a las directrices de la OCDE para probar productos químicos. Otros estudios llevados a cabo de conformidad con dichas directrices no han detectado efectos adversos aun administrando dosis notablemente superiores a las utilizadas en el estudio del INRA.

En 2018 se pidió a la EFSA que revisara los hallazgos del estudio del INRA y la autoridad llegó a la conclusión de que los resultados del estudio en cuestión no bastaban para revisar la aprobación de seguridad del E171. En 2019, la Universidad Estatal de Michigan y el Centro Médico de la Universidad de Nebraska investigaron las inquietudes suscitadas por el estudio del INRA. Pese a usar dosis más altas que el INRA, no observaron cambios de importancia estadística asociados a la ingesta de E171 en ninguno de los parámetros inmunológicos ni detectaron cáncer en el tracto gastrointestinal.

El excomisario europeo de Salud y Seguridad Alimentaria, Vytenis Andriukaitis, reiteró esto mismo el 20 de febrero de 2019 y remarcó que el uso del dióxido de titanio como aditivo no supone preocupación alguna para la salud. El comisario también reafirmó la conclusión de la EFSA de que la absorción del TiO2 por vía oral es extremadamente baja y no depende del tamaño de las partículas.

 

En resumen:

  1. La suspensión del E171 en Francia no se basa en ninguna información nueva.
  2. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha confirmado en repetidas ocasiones que el E171 es seguro.