¿El dióxido de titanio es cancerígeno?

Existen sólidas pruebas científicas que demuestran que el dióxido de titanio es seguro. A continuación, exponemos los datos que debe conocer.

El dióxido de titanio es un pigmento blanco brillante que se utiliza en multitud de sectores debido a sus cualidades únicas y prácticas. Se emplea principalmente en productos cotidianos como pinturas, plásticos, papel y tintas.

 

Las pruebas científicas actuales demuestran que es seguro usar productos que contengan dióxido de titanio:

  • Tras varias décadas de investigación industrial e independiente, no se han hallado pruebas que confirmen que el dióxido de titanio aumente el riesgo de contraer cáncer para los seres humanos.
  • Los estudios que han vinculado el dióxido de titanio al riesgo de cáncer se fundamentan en un efecto de sobrecarga pulmonar excesiva observado en ratas, que implica la exposición a cantidades muy altas de dióxido de titanio por inhalación.  Las dosis extremas utilizadas en algunos estudios científicos con ratas no reflejan las condiciones normales de uso o exposición, y no hay pruebas que evidencien el riesgo de cáncer para trabajadores que estén expuestos al TiO2 a diario.

Introducción

El dióxido de titanio es una sustancia natural abundante y omnipresente. Una extensa lista de organismos reguladores ha evaluado la seguridad del dióxido de titanio, también conocido por su nombre químico, TiO2, por lo que se ha demostrado sistemáticamente que es seguro para una amplia gama de aplicaciones.

Además, recientemente han surgido debates sobre si está sustancia puede ser perjudicial para los seres humanos o incluso provocar cáncer. Estas son las cuestiones principales y los datos clave.

La UE ha clasificado al dióxido de titanio como sustancia cancerígena de categoría 2 por inhalación. ¿Qué significa esto?

En 2020 se clasificó al dióxido de titanio en su forma de polvo como una sustancia sospechosa de ser cancerígena por inhalación según el Reglamento de clasificación y etiquetado (CLP) de la Unión Europea (UE).

No hay pruebas científicas que respalden que la exposición al dióxido de titano provoque cáncer en humanos. La clasificación se basa en un estudio de inhalación en ratas que se realizó en condiciones de sobrecarga excesiva. La TDMA cree que este estudio no constituye una base científica aceptable para la clasificación; de hecho, un volumen sustancial de evaluaciones de pruebas confirma que el TiO2 no induce cáncer ni posee propiedades intrínsecas que provoquen cáncer.

Las autoridades de la UE han subrayado en la clasificación que el posible peligro podría producirse si el polvo se inhala en concentraciones extremadamente altas durante un largo periodo.

Entonces, ¿por qué ha incluido la UE al dióxido de titanio en esa clasificación? ¿Y qué significa esa clasificación para los consumidores? A continuación, exponemos los datos que debe conocer.

 

¿Por qué evaluó el CIIC el dióxido de titanio como “posible sustancia cancerígena” por inhalación?

En 2006 el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) concluyó que no había pruebas adecuadas para afirmar que el dióxido de titanio provocara cáncer en los seres humanos.

No obstante, el CIIC llegó a la conclusión de que el dióxido de titanio posiblemente sea cancerígeno para los seres humanos por medio de la inhalación (categoría 2b). Aunque no encontró pruebas suficientes que respaldaran la existencia de riesgos de cáncer en humanos, sí se detectaron en los ensayos en animales.

La evaluación del CIIC se apoya en tres estudios en ratas que se realizaron hace más de 20 años en condiciones que no concuerdan con las directrices vigentes de la UE en materia de realización de ensayos.

Además, existe un amplio consenso sobre la particular sensibilidad que muestran las ratas a los efectos de la “sobrecarga pulmonar”, afección que no se observa en los seres humanos.

Por último, los hallazgos del CIIC no se tradujeron en la implantación de más medidas por parte de las autoridades reguladoras de Europa.

¿Por qué clasificó la UE el dióxido de titanio como posible sustancia cancerígena por inhalación más de 10 años después?

Tras una propuesta de las autoridades francesas en 2016, el Comité para la Evaluación de Riesgos (RAC, por sus siglas en inglés) de la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA, por sus siglas en inglés) concluyó en junio de 2017 que el TiO2 cumplía los criterios para clasificarse como sustancia sospechosa de provocar cáncer (categoría 2) en caso de inhalación.

El dictamen del RAC es claro al afirmar que no hay estudios fundados de carcinogenicidad en especies distintas de las ratas, y que la pertinencia de estos datos para los seres humanos no es rotunda. De hecho, el dictamen del RAC no tiene en cuenta los datos de más de 24 000 trabajadores, lo que demuestra que no existe una relación entre el cáncer en humanos y la exposición al dióxido de titanio.

El RAC descubrió que el peligro que se sospecha que ocasiona el TiO2 no es específico de la sustancia, sino común a todos los polvos conocidos como “sustancias de baja toxicidad poco solubles”.

El peligro asociado a estas sospechas está vinculado a la forma de estas partículas, que, si se inhalan en una concentración muy alta durante un largo periodo, pueden saturar los pulmones en las ratas, afección denominada “sobrecarga pulmonar”. Esto podría dar lugar al efecto carcinogénico que se ha observado en ratas, pero no así en otras especies ni en seres humanos.

La decisión de la UE de clasificar el dióxido de titanio como posible sustancia cancerígena por inhalación no se basa en nuevas pruebas científicas, sino que refleja un enfoque preventivo adicional del peligro conocido de inhalar demasiado polvo.

 

¿Existen riesgos para los consumidores?

El RAC subrayó que no tiene en cuenta la probabilidad de exposición a la sustancia y, por lo tanto, no aborda los riesgos de exposición; en otras palabras, el dictamen del RAC no se refiere a si el peligro descrito se va a producir en el mundo real.

Sin embargo, los estudios sobre la toxicología de sustancias también deberían tener en cuenta el principio de dosificación, al que se suele aludir con la frase: “La dosis hace el veneno”. Todos los productos químicos, incluso el agua y el oxígeno, pueden ser tóxicos para los seres humanos si se consumen en dosis altas o extremadamente altas.

Muchos ensayos en animales analizan los efectos de una sustancia a dosis altas, que no se dan en situaciones reales. Este es el caso del dióxido de titanio; si se eliminan las condiciones de inhalación extrema especificadas en la clasificación, el dióxido de titanio no es perjudicial. Además, los efectos específicos en animales no se pueden replicar en humanos, como en el caso de la “sobrecarga pulmonar” observada en ratas.

Todo ello fue reiterado en una reunión entre la Comisión Europea, los Estados miembros y las partes interesadas. Se adujo que las preocupaciones para los consumidores son “insignificantes”: para que la sustancia sea nociva de algún modo, el nivel de exposición a las partículas por inhalación de dióxido de titanio debe ser extremadamente alto. Las autoridades consideraron que estas condiciones son difícilmente reproducibles en circunstancias normales y previsibles.

 

¿Qué significa esa clasificación del dióxido de titanio para los consumidores?

La clasificación que ha adoptado la Comisión Europea no admite dudas respecto a que el peligro sobre el que se albergan sospechas se limita a los polvos del TiO2 en caso de inhalarse durante un período muy largo y en concentraciones muy altas.

Esto quiere decir que la clasificación tiene una relevancia muy limitada para los consumidores. En la mayoría de los productos, el TiO2 se incorpora al producto acabado y su inhalación apenas comporta riesgo alguno. Del mismo modo, el TiO2 en productos acabados, como pinturas y plásticos, es insoluble o sólido, y no se puede inhalar.

Sin embargo, esta clasificación significa que algunos productos quizás tengan que llevar etiquetas o advertencias relativas al polvo, aun cuando no se alude a una situación realista en la que los consumidores vayan a estar expuestos a peligro alguno, y mucho menos a un nivel nocivo. Incluso es posible que se haga una nueva evaluación de la seguridad del TiO2 en otros productos, como cosméticos y juguetes.

En resumen:

  1. La clasificación de la UE no se basa en información nueva ni en peligros de reciente detección.
  2. El peligro sobre el que penden las sospechas no se va a producir en condiciones reales bajo circunstancias realistas.
  3. Los datos recopilados durante varias décadas siguen respaldando la seguridad del dióxido de titanio para los seres humanos.

 

¿Es seguro ingerir dióxido de titanio?

Sí, el E171 (dióxido de titanio en grado de colorante alimentario) se ha sometido a un riguroso proceso de pruebas y clasificación en Europa que ha demostrado que no persiste ni se acumula en el cuerpo humano.

Numerosos estudios han confirmado una y otra vez la seguridad del E171.

 

Opiniones de investigadores y autoridades acerca de la seguridad del E171

En 2015, un grupo de investigadores de la Agencia de Investigación sobre Alimentación y Medio Ambiente del Reino Unido (FERA), el Instituto de Alimentación del Centro de Investigación Tübitak Marmara de Turquía y el Instituto de Seguridad Alimentaria RIKILT de los Países Bajos llevaron a cabo un estudio sobre la ingesta por vía oral de partículas y nanopartículas de dióxido de titanio.

Según los resultados obtenidos, “no habría una exposición interna significativa del consumidor a las nanopartículas”.

En 2016, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) examinó la información más reciente sobre el E171 en el marco de una revisión de los aditivos alimentarios aprobados antes de 2009 y determinó que el E171 no supone ningún riesgo para la salud de los consumidores. La seguridad de dicho aditivo no depende del tamaño de las partículas, ya que el cuerpo humano no lo absorbe.

 

¿Por qué Francia ha decidido suspender el uso del E171?

La decisión del Gobierno francés se fundamenta en un estudio realizado en 2017 por el Instituto Nacional de Investigación Agronómica de Francia (INRA). Sin embargo, los hallazgos de dicho estudio no se pueden extrapolar a los seres humanos y no han sido corroborados por investigaciones similares.

En el año 2017, el INRA publicó un estudio que sostiene que existe riesgo de padecer cáncer debido a la ingestión de dióxido de titanio basándose en observaciones realizadas en ratas. No obstante, al igual que ocurre con los estudios relativos a la inhalación de la sustancia, el protocolo empleado en este estudio no se puede extrapolar para concluir que podría causar cáncer en las personas.

De hecho, el propio INRA señala sin rodeos que sus hallazgos no se pueden utilizar para sacar conclusiones sobre la salud humana y que no se ajustan a las directrices de la OCDE para probar productos químicos. Otros estudios llevados a cabo de conformidad con dichas directrices no han detectado efectos adversos aun administrando dosis notablemente superiores a las utilizadas en el estudio del INRA.

En 2018 se pidió a la EFSA que revisara los hallazgos del estudio del INRA y la autoridad llegó a la conclusión de que los resultados del estudio en cuestión no bastaban para revisar la aprobación de seguridad del E171. En 2019, la Universidad Estatal de Michigan y el Centro Médico de la Universidad de Nebraska investigaron las inquietudes suscitadas por el estudio del INRA. Pese a usar dosis más altas que el INRA, no observaron cambios de importancia estadística asociados a la ingesta de E171 en ninguno de los parámetros inmunológicos ni detectaron cáncer en el tracto gastrointestinal.

El excomisario europeo de Salud y Seguridad Alimentaria, Vytenis Andriukaitis, reiteró esto mismo el 20 de febrero de 2019 y remarcó que el uso del dióxido de titanio como aditivo no supone preocupación alguna para la salud. El comisario también reafirmó la conclusión de la EFSA de que la absorción del TiO2 por vía oral es extremadamente baja y no depende del tamaño de las partículas.

 

En resumen:

  1. La suspensión del E171 en Francia no se basa en ninguna información nueva.
  2. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha confirmado en repetidas ocasiones que el E171 es seguro.