El dióxido de titanio es seguro

El uso del dióxido de titanio está aprobado en Europa desde hace un siglo y los estudios muestran una y otra vez que no tiene efectos perjudiciales para los consumidores ni para los trabajadores.

El dióxido de titanio (TiO2) es un ingrediente esencial en centenares de productos como pinturas, plásticos, tintas, papeles, cosméticos, fármacos y alimentos. Posee diversas propiedades que le otorgan una gran versatilidad; por ejemplo, se puede emplear como un potente blanqueador, como un protector frente a la radiación ultravioleta y como un agente para reducir la polución.

Esta sustancia se lleva utilizando de forma segura en un sinfín de productos desde hace unos cien años. Además, siempre ha contado con la aprobación regulatoria y ha superado satisfactoriamente minuciosas y continuas evaluaciones científicas sobre sus usos y su producción.

  • El TiO2 se obtiene a partir de uno de los materiales naturales más abundantes del planeta y su estabilidad química garantiza que se pueda utilizar sin peligro en muchas aplicaciones.
  • Los organismos reguladores europeos han aprobado sistemáticamente su uso en pinturas, revestimientos, plásticos, alimentos, cosméticos y otros productos cotidianos.
  • Varios estudios a largo plazo llevados a cabo en trabajadores expuestos habitualmente al dióxido de titanio han indicado que dicha sustancia no tiene efectos nocivos para la salud.

 

Introducción

El TiO2 es uno de los compuestos más versátiles que existen: está presente en una gama extraordinariamente diversa de productos y tecnologías que la gente usa y ve todos los días, como pinturas, plásticos, cosméticos, protectores solares, alimentos, cristales e incluso catalizadores.

Numerosas autoridades reguladoras han evaluado la seguridad del TiO2 y siempre lo han declarado apto para todas las aplicaciones previstas.

No obstante, su omnipresencia a lo largo de los años ha llevado a cuestionar su seguridad y a realizar investigaciones para determinar si tiene algún impacto negativo en la salud humana o efectos secundarios por exposición. Esta preocupación se explica, sobre todo, por su uso en las industrias alimentaria y cosmética.
 

¿El dióxido de titanio es seguro para los consumidores?

Un buen número de organismos reguladores han confirmado en repetidas ocasiones que el dióxido de titanio (TiO2), extraído de uno de los elementos más comunes del planeta, es una sustancia no tóxica, inerte y segura.

Su resplandeciente color blanco lo convierte en una sustancia ideal para muchas aplicaciones, mientras que su carácter no tóxico garantiza el uso seguro de los productos que lo contienen. También se emplea sin peligro como colorante y espesante en alimentos y cosméticos, ya que no se ha detectado prácticamente ningún caso de alergia o intolerancia asociado a su consumo o aplicación.

En septiembre de 2016, la Comisión Técnica Científica de Aditivos Alimentarios y Fuentes de Nutrientes de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) publicó un dictamen para confirmar que es seguro usar TiO2 en productos alimenticios.

También se ha aprobado su uso en varios productos y materiales, incluyendo protectores solares, dentífricos y fármacos.

Cepillo de dientes y dentífrico blanco
 

Riesgos asociados a la inhalación

La principal preocupación sobre la seguridad del TiO2 son los riesgos asociados a la inhalación de su forma pulverizada, los cuales se basan exclusivamente en estudios de inhalación realizados en ratas en que estos animales sufrieron una “sobrecarga pulmonar”. Según los comentarios de varios expertos del sector y una serie de estudios detallados realizados por terceros, no hay pruebas concluyentes que apunten que el TiO2 sea perjudicial para los seres humanos.

El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC) ha sugerido que inhalar dióxido de titanio “podría ser carcinogénico para las personas” (categoría 2B) basándose en investigaciones realizadas en ratas y en un estudio en que se aplicaron dosis elevadísimas de la sustancia; las ratas usadas en dicho estudio sufrieron una reacción adversa llamada “sobrecarga pulmonar” que no se ha observado en ninguna otra especie, incluidos los seres humanos.

La conclusión a la que llegó el IARC se basa en tres estudios con ratas; sin embargo, en los estudios revisados con seres humanos no se halló asociación alguna entre la exposición de estos al dióxido de titanio y el riesgo de padecer cáncer.

En uno de los estudios con animales, llevado a cabo en 2005, se sometieron ratas a la administración intratraqueal de dióxido de titanio, es decir, se introdujo la sustancia directamente en su sistema respiratorio. Los otros dos estudios (otros dos revisados presentaron resultados negativos) se realizaron en 1985-1986 y 1995, respectivamente. Los resultados positivos de estos estudios se deben al hecho de que se expusieron las ratas a niveles relativamente altos de dióxido de titanio por inhalación durante un período muy prolongado.

Desde entonces se han actualizado las directrices de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para probar productos químicos en animales. Por ejemplo, en 2009 se adoptaron unas nuevas directrices para probar la toxicidad aguda por inhalación. Los métodos empleados en los susodichos estudios con ratas no se ajustan a las directrices de prueba implantadas actualmente en la UE.

El 9 de junio de 2017, el Comité de Evaluación de Riesgos (RAC) de la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) propuso clasificar el TiO2 como presunto carcinógeno (categoría 2). El RAC no tuvo en cuenta todos los datos utilizados por el IARC y basó el dictamen sobre la clasificación provisional en observaciones realizadas en ratas expuestas a niveles altísimos de TiO2.

La opinión del RAC contradice un vasto conjunto de pruebas científicas que no justifican dicha clasificación del TiO2 para las personas, las cuales están respaldadas por más de cincuenta años de datos epidemiológicos sobre más de veinticuatro mil trabajadores que demuestran que no hay ninguna relación entre el cáncer y la exposición al dióxido de titanio en el caso de los seres humanos.

Además de todo esto, ahora que el dióxido de titanio tiende a incorporarse plenamente en el producto final, las posibilidades de que el consumidor se vea expuesto al TiO2 pulverizado son irrisorias.

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¿La producción de dióxido de titanio es segura?

En la naturaleza, el titanio suele encontrarse unido a otros elementos comunes como el hierro. Existen dos métodos para separar una sustancia de la otra y obtener TiO2 puro: un proceso de sulfato y un proceso de cloruro.

Estos mismos procesos de producción se utilizan para fabricar titanio para la industria aeroespacial, médica, construcción naval y construcción. Al igual que el resto de procesos químicos, los dos métodos para obtener TiO2 se adhieren a rigurosos estándares sobre salud, seguridad y manipulación.

La producción de dióxido de titanio está optimizada para reciclar o reutilizar las materias primas: es habitual reciclar el ácido clórico y sulfúrico y transformar el hierro en valiosos productos derivados.

La producción de TiO2 está reglamentada por medio de estándares europeos y, además, los principales productores del continente cumplen los códigos de Responsible Care®.

Responsible Care® ayuda a velar por la sostenibilidad y a implementar mejoras en la forma de producir el TiO2. Se ha efectuado un análisis de ciclo de vida para medir el impacto medioambiental de la fabricación de dióxido de titanio.

Obtenga más información sobre las medidas para garantizar la sostenibilidad.
 

¿El TiO2 es seguro para los trabajadores?

Las pruebas científicas actuales demuestran que las personas que trabajan en plantas de producción de dióxido de titanio como las de la UE, que cumplen los requisitos estándar de salud y seguridad laboral, no deben preocuparse por la exposición al TiO2.

Además de los organismos nacionales que supervisan las sustancias utilizadas en sus respectivos países, la Unión Europea ha promulgado el reglamento REACH para controlar la seguridad en la producción y el uso de todas las sustancias químicas. Esta legislación obliga a las industrias a evaluar los peligros y gestionar los riesgos potenciales relacionados con dichas sustancias.

Al registrar el TiO2 según lo que estipula el REACH, la industria del dióxido de titanio recopiló y analizó todos los datos científicos disponibles sobre la sustancia y determinó que no había indicios de peligro de acuerdo con los criterios de evaluación establecidos por el reglamento.

La producción de TiO2 es administrada con cuidado por los miembros de esta industria. Los productores toman todas las medidas necesarias para cumplir las leyes y los reglamentos de la UE y de los Estados miembro que regulan la manipulación segura de los materiales empleados para fabricar el TiO2.

Por otro lado, el dióxido de titanio se usa con fines comerciales desde hace unos cien años. A lo largo de este período se han llevado a cabo estudios detallados sobre las personas que trabajan en la producción de TiO2 y no se han hallado pruebas de que estar en contacto con dicha sustancia aumente el riesgo de contraer enfermedades de pulmón.

Según los hallazgos de cuatro importantes estudios epidemiológicos realizados en América del Norte y Europa con más de veinticuatro mil trabajadores de la industria de producción de dióxido de titanio, la exposición al TiO2 no está asociada con un mayor riesgo de padecer cáncer ni con ningún otro efecto adverso.

Vial de cristal
 

¿El dióxido de titanio es seguro en la alimentación?

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que se encarga de supervisar esta industria, identifica cada aditivo con un número único precedido por la letra “E” y establece los límites seguros de ingesta diaria. El dióxido de titanio figura en su lista como E171.

La efectividad del TiO2 como blanqueador capaz de intensificar el brillo del color, así como su elevada opacidad, hacen que el E171 sea un popular aditivo alimentario. En 2016, la Comisión Técnica Científica de Aditivos Alimentarios y Fuentes de Nutrientes de la EFSA publicó un dictamen para confirmar que es seguro usar TiO2 en productos alimenticios.

Cuando se emplea como aditivo alimentario, el dióxido de titanio consiste en partículas de mayor tamaño, ya que su color blanco y su opacidad solo se pueden aprovechar en estas condiciones; las partículas más pequeñas (nanopartículas) son transparentes y no tienen propiedades colorantes.

Una característica del TiO2 es que, en la práctica, las nanopartículas se unen para formar otras más grandes. Teniendo en cuenta que se añaden niveles bajos de E171 a la comida, lo más probable es que la proporción de partículas nanométricas sea muy reducida.

Recientemente, la EFSA sometió el E171 a una minuciosa reevaluación en el marco de una investigación general acerca de los colorantes alimentarios permitidos en la Unión Europea antes de 2009. Tras examinar los últimos datos científicos, se determinó que es seguro usar TiO2 en productos alimenticios.

En realidad, cuando se utiliza en envases de alimentos y fármacos (como recipientes para la leche y viales para medicamentos), el TiO2 protege los productos al resguardarlos de la luz solar y evitar la degradación causada por los rayos ultravioleta.

Obtenga más información sobre el uso del dióxido de titanio en la alimentación. 
 

Reglamentación futura sobre el dióxido de titanio

En mayo de 2016, la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de los Alimentos, el Medio Ambiente y el Trabajo de Francia (ANSES) solicitó que el dióxido de titanio se categorizara como carcinógeno 1B (posiblemente carcinogénico para las personas). En su propuesta, la agencia citó los mismos estudios con ratas mencionados anteriormente como prueba de los posibles efectos perjudiciales (en seres humanos) del dióxido de titanio.

Tras la solicitud del ANSES, la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) llevó a cabo una consulta pública. En las más de quinientas respuestas recibidas (cifra muy elevada), una mayoría abrumadora afirmó que el dióxido de titanio era seguro y que no hacía falta incluirlo en dicha clasificación.

El período de consulta y revisión ya ha finalizado y el Comité de Evaluación de Riesgos (RAC) de la ECHA ha concluido que el dióxido de titanio cumple los criterios para ser clasificado en una categoría menos severa (2) basándose en los riesgos asociados a la inhalación. Cabe recordar que se ha tomado esta decisión sin tener en cuenta las pruebas científicas y la opinión de cientos de personas que respondieron a la consulta, ya que todas ellas apuntan que esta clasificación es innecesaria.

La Comisión Europea evaluará ahora el dictamen y decidirá si se deben adoptar medidas reglamentarias.

Las investigaciones científicas realizadas por la industria, que se ajustan a lo descrito en el dosier del REACH y cuentan con el apoyo de los comentarios enviados durante la consulta pública, demuestran que no se requiere ninguna clasificación para esta sustancia en ninguna de sus formas.
 

Conclusión

En los casi cien años que se lleva produciendo y comercializando de forma segura en muchísimos sectores, el dióxido de titanio ha aportado importantes beneficios a la sociedad sin causar efectos nocivos para las personas ni el entorno.

Varios estudios a largo plazo han concluido que el consumo, el uso y la producción del dióxido de titanio no hacen daño a los seres humanos; además, numerosos organismos reguladores lo han declarado no tóxico y no carcinogénico para las personas.

Consulte la sección ¿Qué es el dióxido de titanio? para obtener más información.